Globalización: lo que queda por hacer

Globalización: lo que queda por hacer Por: Manuel Quindimil, Subgerente, área de relaciones gubernamentales -AmCham Perú
17/03/2017, Gestión

Los triunfos del plebiscito del Brexit y de Trump en las elecciones del año pasado, son un claro mensaje de que algo hay que hacer para encarrilar el proceso de la globalización. Para comenzar, hay que evitar una confrontación maniquea sobre la bondad o perversidad del proceso de la globalización económica. Aquellos que están a favor, siempre desde un punto de vista global de la economía, no pueden perder de vista que, a nivel micro, hay muchísimas personas que no se han beneficiado de dicho proceso.

Imponer a la fuerza el sistema propuesto no hará más que explosionar a todo el sistema. En la reunión de Davos de comienzos de año se indicó claramente los pro y los contra del proceso de globalización. Los beneficios en este periodo han sido que, para el periodo 1988-2013, el promedio del ingreso creció un 24% y el ratio de pobreza cayó del 35% al 10.7% para el mismo periodo. Más aún, el ingreso del 40% de la población menos favorecida ha aumentado en un 50%.

A pesar de estas cifras, los promedios no siempre reflejan el bienestar de los seres humanos desde el punto de vista personal. Paralelamente, este proceso ha dejado a personas fuera de los beneficios económicos.

La desorbitada inequidad salarial entre el grupo de mayores ingresos y el resto de trabajadores genera un enorme descontento social. Muchos de los trabajadores menos calificados han perdido su trabajo o han tenido que migrar a empleos con condiciones muy precarias, relativamente hablando con sus empleos originales.

El fracaso de políticas que pudieran descompensar estos desajustes también abonan a que grandes sectores de la población se sientan excluidos y olvidados por parte de los políticos de sus respectivos países.

En lugar de persistir en una obstinada visión economicista, corresponde realizar una reflexión político-social. Como afirma Benhamin Friedman (“The Moral Consequences of Economic Growth”), la democracia requiere de una economía en crecimiento, por lo que hay que apuntar a un bienestar de toda la sociedad, evitando la exclusión de grupos de personas. Theresa May, primer ministra del Reino Unido, en la mencionada reunión, hizo hincapié en que el primer paso es tomar conciencia del inconveniente.

Otra tarea será la de redoblar esfuerzos para combatir las falsas promesas de la adopción de las políticas proteccionistas que, lejos de solucionar este problema, más bien empeorarán rápidamente las condiciones económicas.

Esta perspectiva social, seguramente podrá corregir los desajustes de la globalización. El papa Francisco, adoptando este enfoque, puede servirnos de guía: “la globalización es buena sólo si busca unir a todos y respeta a la persona”.

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