Presidencia española de la UE y la firma del TLC con el Perú
La oportunidad ha llegado
Por. Jaime Cáceres, Embajador del Perú en España
(El Comercio, 4 de mayo de 2010).- El 17 y 18 de mayo España acogerá las cumbres de jefes de Estado, de Gobierno y de Empresarios de la Unión Europea, América Latina y el Caribe (ALC-UE), con el tema innovación y tecnología. No solo ejerce de anfitrión, ha sido además un aliado en la búsqueda de fórmulas imaginativas y viables que han propiciado una relación más fructífera entre ambas regiones. Es justo reconocer el importante papel que España ha tenido en la consolidación de estos lazos que se cristalizarán en la rúbrica del TLC entre la UE y el Perú, así como el enorme esfuerzo de los equipos negociadores de los ministerios de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior y del empresariado peruano.
España confiere una importancia estratégica a sus relaciones con América Latina, a la que entiende como ámbito natural de su política exterior, y se percibe a sí misma como el puente entre Europa y América Latina. Es cierto que es un país europeo, pero también cree en una política iberoamericana por vocación. Ocupa una posición de liderazgo en las relaciones comunitarias con nuestra región y a lo largo de la última presidencia rotatoria ha hecho propios muchos de los temas que nos interesan. Recíprocamente, el peso de España en el concierto internacional es el que es gracias también a sus vínculos con los países latinoamericanos.
Esta importancia que España atribuye a nuestra región se ha visto singularizada hacia el Perú situando la relación en un plano preferencial. Vínculos bilaterales que se encuentran no solo en un nivel histórico muy alto, sino con una proyección clara hacia el futuro de enorme potencial en cuanto a alianzas empresariales, comerciales y culturales.
¿Qué beneficios nos traerá este TLC? Por su estructura y dimensiones, la Unión Europea tiene un importantísimo peso. Es la primera potencia comercial del mundo, tiene 450 millones de consumidores, representa alrededor del 21% del producto bruto interno mundial, cuenta con una divisa de referencia y es el primer donante de ayuda humanitaria. No estamos hablando de un tratado de libre comercio a secas. El instrumento que suscribiremos este mes es uno de los tres pilares de nuestra relación con los 27 países y es coherente con objetivos sociales y políticos, a lo que debe servir de refuerzo.
En primer lugar, hemos de tener claro que nuestro desarrollo depende del acceso a nuevos mercados. Con el TLC, el 99,3% de los productos ingresará libre de aranceles, hecho que garantiza la sostenibilidad de las exportaciones con mayor valor agregado. De otro lado, las importaciones procedentes de Europa no competirán con nuestra producción: el 88% son bienes de capital y bienes intermedios que no se producen en el Perú y su desgravación permitirá importarlos a un menor costo, y se estimulará la competitividad de las empresas peruanas.
En segundo lugar, el TLC da certidumbre a la inversión privada y contribuirá a disminuir las tasas de interés de los créditos gracias a un menor riesgo-país. Motivará además la inversión extranjera directa.
En tercer lugar, este instrumento tiene una importante repercusión social y medioambiental. Propiciará la creación de empleos de calidad, a través de una producción sustentable, y permitirá además el acceso a productos más baratos y más variados.
En el caso de un país como el Perú, la integración comercial es un poderoso aliado en las políticas de crecimiento económico y en la lucha contra la pobreza y la exclusión social. El acceso de más personas a un ingreso digno dará una mayor capacidad de decisión a sectores que hasta hace poco han estado aguardando una oportunidad. Estamos viviendo un contexto de tratados de libre comercio, relaciones regionales y bilaterales privilegiadas como con España, políticas consistentes y estables en lo económico y en lo jurídico. Todo indica que en el Perú la oportunidad ha llegado para quedarse.
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