Por: Eduardo Herrera | Director Escudo Azul

Los escándalos corporativos no son un fenómeno reciente, hace muchos años que se producen. La diferencia, entre lo que sucedía en la época de Enron o Siemens por ejemplo, es que hoy existe mayor posibilidad de difusión. Es decir, hoy el escándalo es más grande.

Dos son los aspectos que me llaman la atención. Primero, la pugna constante entre lo comercial y lo ético. Lo segundo, la aparente poca conciencia de ilicitud. Ah, sí. Uno más que solo voy a mencionar: casi todos los escándalos corporativos se materializaron en empresas con controles corporativos internos. Entonces, o dichos controles no estaban siendo cumplidos (fueron mal diseñados) o no fueron lo suficientemente eficaces (o sea también fueron mal diseñados).

Sobre lo primero. Resulta obvio que la finalidad de toda empresa es vender. ¿A qué precio? Vender por vender sin importar qué limites se trasgredan es, a todas luces, poco rentable en el tiempo. En algún momento la factura se paga, y a un alto precio (generalmente la factura tiene que ver con la pérdida de reputación).

Casos como Kobe Steel, Volkswagen o Wells Fargo han demostrado que, muchas veces, la decisión que deriva en el escándanlo se toma y ejecuta desde cualquier
parte de la pirámide, pero siempre es conocida -implícita o explícitamente- por toda la estructura. Muchas veces, arriba, en la cúspide, simplemente miran al costado acogiéndose a una “ceguera voluntaria” para luego alegar desconocimiento. Es aquí en donde la ética se confunde y surge la pregunta: ¿todos tenemos un precio o todos tenemos un valor?

En la segunda observación, siempre me llamó la atención la aparente “sangre fría” de los individuos involucrados. Y no es que no tengan conciencia de la realidad, simplemente perdieron la noción del límite. Por eso es muy importante reiterar, casi con persistencia ciega, que es bueno identificar lo blanco y lo negro, marcando claramente el camino. Todos los componentes de la pirámide deben saber qué se espera de ellos en esa distinción.

Ambos aspectos señalados líneas arriba van mucho más allá de un frío procedimiento o del compliance procedimental. Es un gimnasio constante y real. No un panorama naif. Es mostrarles a las corporaciones, compuestas por individuos, que el abismo está siempre al costado. Depende del timón del camión si cedemos o persistimos.

Fecha: 27 abril 2018

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