Por: Eduardo Herrera | Director Escudo Azul

Si algo viene reflejando la situación de la lucha contra la corrupción es la poca visión de estrategia que hay que tener en la misma desde todos los sectores. Es por ello que cobran relevancia preguntas como la que dan título a este artículo.

Claramente la percepción nacional de que no se tienen avances serios en esto es que, por ejemplo, a nivel sancionatorio, pareciera ser que existiese un clima de impunidad que, como todos sabemos es el contrapeso en una lucha de estas características. Esta sensación está motivada, como señalé, en la carencia de estrategia uniforme.

Y todo esto empieza con un, incorrecto, análisis en mi modesto entender acerca de la naturaleza del problema. La corrupción no es el problema central, es solamente un medio. Por ejemplo, en el caso de la administración de justicia, no es que un grupo de personas se reúna para formar una organización criminal para corromper magistrados. No, así no funciona. En realidad, la finalidad de ese tipo de estructuras tiene por objetivo facilitar -irregularmente- la obtención de pronunciamientos de acuerdo a sus propios intereses. El problema entonces está en la necesidad de tener un sistema de justicia predictible, seguro y, desde luego, carente de corrupción.

En relación a la pregunta, yo empezaría por dividir la respuesta en dos; en dos clásicas partes: a nivel de Estado y a nivel privado.

A nivel Estado con la creación de una Oficina Nacional Anticorrupción. Pero ¿otro organismo más? ¿Más Estado y más burocracia para solucionar un problema también vinculado a ello? Pues sí, en este caso no veo alternativa; ello ante la -evidente- falta de visión estratégica de todos los gobiernos respecto a la materia. Hace falta alguien (o algo) que piense en el problema 24×7, de manera sistémica y con, nuevamente, visión de estrategia. Pienso, desde esa óptica, que un planteamiento inicial debería estar cifrado en una combinación de sanciones eficaces (enforcement), legislación (inteligente y necesaria) y educación.

La última palabra es la que nos debiera dar la pista de qué hacer en el plano privado: la persona. Aunque el Estado está compuesto por personas (cosa que a veces se pierde vista), la educación debiera ser entendida no solo como adquisición de conocimientos, sino sobre todo como sensibilización con el problema y toma de conciencia. Lograr que las personas hagan evaluación crítica de sus constantes acciones entorno a la ética, es el componente esencial para que encontremos el norte y actuemos correctamente. Esto pasa por someter, generalmente en el contexto de la empresa, en enfrentar a las personas a dilemas éticos y “marcar la cancha” de lo que es permitido y lo que, en contraposición, no lo es.

Fecha: 02 octubre 2018

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