Por: María Isabel León, Presidenta de la CONFIEP.

La evidente confusión por la pérdida de la “brújula orientadora” de la vida en común, son manifiestas en muchos sujetos de nuestra precipitada era de la globalización, y más aún, en nuestra sociedad. La desconfianza ante un futuro incierto, nos encierra en un individualismo indiferente ante la vulnerabilidad de los otros, creando el mercantilismo de la ética y de los valores: Hoy tengo estos, mañana tengo estos otros.  Somos vulnerables y acumulamos desventajas, dañamos la relación del individuo con la sociedad excluyendo de ésta los valores, la sensibilidad y cualquier principio moral y hasta el elemental cumplimiento de legalidad.

¿Qué nos ha pasado? ¿Estamos ante una amenaza de deshumanización que nos paraliza? ¿Por qué debo respetar al otro? ¿Por qué debo ayudarlo? ¿Podemos convivir humanamente? ¿Cuáles son las normas? ¿Sobre qué concepto podremos refundar la solidaridad y la justicia? Se me vienen a la mente miles de preguntas similares, como seguramente le sucederá a usted.

El reciente destape de las vacunas, conocido ahora como “vacunagate”, desnuda la miseria humana, aquella que Camus señalaba con magistral claridad cuando decía “Lo peor de las pestes no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo, suele ser horroroso..”. Conocida una preliminar lista de 487 ciudadanos que hicieron evidente abuso de su posición de poder (cualquiera que este fuera)  para hacerse silenciosamente de una vacuna que curase sus miedos y que les permitiera “salvar” a sus seres queridos, a sus esposas, hijos, colaboradores y hasta a la secretaria o el chofer, sin importarles que cientos de médicos, enfermeras y personal de salud atendieran bajo riesgo de sus propias vidas la salud de los enfermos, aparece como una historia perfecta de esta laxitud moral en la que parecemos estar sumidos.

Y conste que aquí, el punto gravitante no es si estos ciudadanos, empoderados en sus posiciones de privilegio, cometieron un delito o no, el punto es la grave falta ética y la inmoralidad.  Es indignante que un ex Presidente, Ministros, viceministros y otros, aprovecharan para beneficio propio y el de sus parientes, un privilegio al que tenían acceso por el alto cargo público que ostentaban. Una ministra de salud que públicamente aseguró que “sería la última en abandonar el barco” y la última en vacunarse, habiéndolo hecho ya a escondidas, ¡qué mensaje nos da?. Decepcionante, desesperanzador. Pagarán con el deshonor el mercantilismo ético del que han sido artífices, para hacer del slogan “chapa tu vacuna” el espectáculo mas egoísta de nuestra nación.

 

Columna de opinión publicada en el Diario Correo 

Fecha: 21 febrero 2021

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