Por: Dov Seidman

¿Cómo se define a un líder?

Es una pregunta que me hecho por años y que intento preguntar a los empresarios y ejecutivos con que me toca interactuar. La mayoría asocia la palabra “líder” con personalidades y estereotipos tales como carisma, dinamismo, motivación y fortaleza. No hay nada de malo con ninguna de estas características, de hecho, la mayoría de los líderes exitosos que he conocido ejemplifican algunas o todas ellas. Pero el sólo hecho de que estas sean las características con que comúnmente identificamos a un líder no las hacen ser las mejores o definitivas.

Entre la interconexión tecnológica y la presión social, el mundo ha cambiado mucho más rápido de lo que nosotros hemos sido capaces de adaptarnos. Se ha vuelto profunda e irreversiblemente interdependiente. Para adaptarnos de forma apropiada debemos reconsiderar cómo pensamos sobre los líderes y el liderazgo. En nuestros días, hay una característica menos obvia que está creciendo en importancia: Humildad.

En la forma en que típicamente utilizamos la palabra, humildad tiende a sugerir pasividad, a que la gente humilde se somete a la voluntad del resto. Evidentemente nada de esto es verdad porque la humildad no es una debilidad, por el contrario, es la base de un gran liderazgo.
Humildad viene del latín “humus”, cuyo significado es “tierra o suelo”. Vale decir, literalmente, se refiere a la condición de “tener los pies en la tierra”. Expresa el hecho de estar en contacto con el suelo, de tener una conexión profunda con la principal fuente de vida y crecimiento. Lejos de disminuir la autoridad de alguien, la humildad la aumenta.
Existe una necesidad de poder y autoridad innegable en los negocios y en el mundo. Es muy difícil imaginar que una organización funcione sin poder ni autoridad. Pero es igualmente cierto que la autoridad formal y vertical está desapareciendo, perdiendo valor. Requerimos de nuevos atributos para un nuevo tipo de poder. Necesitamos líderes humildes, porque la humildad es la base de la autoridad moral.

En un reciente artículo en Harvard Business Review sobre un estudio en que se evaluaban los atributos clave que los ejecutivos deseaban que tuvieran sus CEOs, humildad fue el primero de la lista. Los CEOs mejor evaluados tenían una probabilidad hasta seis veces mayor de ser descritos como “humildes”, en relación con sus pares. Desafortunadamente sólo uno de cada cuatro CEOs en el estudio fueron descritos por sus ejecutivos como “humildes”.

La humildad se trata de actitud y disposición, implica un enfoque inclusivo sobre el liderazgo. ¿Pero cómo pueden los líderes empezar a recorrer este sendero más productivo, dejando atrás la autoridad del “hazlo porque soy tu jefe” y reemplazándola por la autoridad moral de un líder humilde?

– Realice una Auditoría Moral: Pregúntese en qué cree y para qué se levanta cada mañana. Si esas respuestas no están alineadas con sus actividades diarias y las de sus empleados, requiere de un trabajo profundo de alineamiento entre sus valores y comportamientos. Cuando aparecen las brechas, los líderes de verdad van al “gimnasio de los valores” para desarrollar y fortalecer músculos como la empatía, resciliencia, consistencia, coraje y honestidad. Luego de que el CEO de Aetna, Mark Bertolini, leyera El Capital en Siglo XXI del economista Thomas Picketty (que critica la dirección que ha tomado el mundo corporativo en E.E.U.U), reunió a su equipo y tuvo una profunda conversación sobre el rol del capitalismo en el mundo de hoy. Inspirado en ello, su equipo se alineó en torno a un enfoque más inclusivo del negocio de Aetna para “sumar a todos, y no sólo a unos pocos”. Como un primer paso en esa dirección, aumentaron el salario mínimo de los empleados a 16 dólares por hora. Para ellos no se trataba unícamente de hacer lo correcto, sino de un ejercicio de autoridad moral como resultado de una rigurosa revisión del alineamiento entre sus valores y sus prácticas.

– Otorgue confianza: Los líderes a la antigua esperan que otros se ganen su confianza, inspeccionando cada acción con sospecha. Los líderes de hoy entregan confianza para inspirar mejor colaboración, compromiso e innovación entre sus empleados. Pret A Manger, la cadena de restaurantes londinense, ha hecho exactamente esto con sus “programas de fidelización”. En lugar de un programa estándar que premia a sus clientes frecuentes con café gratis, Pret ha entregado ese poder y su confianza a sus empleados quienes deciden a quién regalar café o snacks, dándoles un mayor sentido de responsabilidad y empoderamiento en sus interacciones. Los clientes de la empresa son sus clientes y el éxito de la empresa es su éxito. Como resultado, un 28% de los clientes obtienen algo gratis cuando visitan Pret A Manger, y el éxito de la marca ha crecido ostensiblemente.

– Hágase pequeño: Si quiere que su empresa tenga éxito, no puede basar su liderazgo en sólo reglas, políticas y autoridad formal. Debe partir por reconocer que la fuente de su autoridad es la gente con que trabaja. En lugar de intentar forzar el respeto o desempeño en sus empleados, inspírelos con su propio comportamiento, colaboración y compromiso. Cuando Nelson Mandela se convirtió en Presidente de Sudáfrica, pese a constituir un símbolo universal de la transición desde el Apartheid, Mandela no hizo que esto girara en torno a él sino en la transición común desde décadas de segregación racial a un nuevo futuro inclusivo para todo su país. Mandela supo hacerse pequeño para que el pueblo sudafricano pudiera hacer algo grande.

La humildad es un signo de profunda fortaleza personal, autodeterminación y coraje. Se requiere ser muy fuerte para dejar a otros tomar las riendas y confiar en que harán lo correcto. Cuando al liderar con el ejemplo se crea una cultura que inspira compromiso, ya no se está únicamente liderando empleados. Se es un líder de un equipo de líderes, que trabajan juntos para alcanzar mucho más que a lo que un individuo con un título puede aspirar.

 

Por: Dov Seidman – Fundador y  CEO de LRN, empresa de gestión de ética y compliance

Fecha: 19 junio 2018

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