Por : Alfonso Grados Carraro, Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo

El concepto de “empleabilidad”, definida como aquellas competencias y habilidades innatas y/o desarrolladas por las personas en su recorrido formativo que les facilitan alcanzar una trayectoria de creciente autorrealización y generación de valor agregado a través del trabajo dependiente o emprendedor, es uno de los factores que mejor predicen el buen desarrollo laboral. Sin embargo, su adecuada aplicación en nuestra población empleada sigue presentando exigentes desafíos en la búsqueda de impulsar un mercado de trabajo más tecnificado e inclusivo y, por ende, más productivo.

La cada vez más rigurosa competitividad que caracteriza hoy la búsqueda de empleo aparejado con los crecientes requerimientos técnicos y personales exigidos de parte de los empleadores, obligan a los trabajadores a fortalecer su inserción laboral a través de procesos de preparación de alta calidad, adecuada identificación de su orientación vocacional, búsqueda de oportunidades de aprendizaje en el trabajo, motivación personal para el autoperfeccionamiento y el desarrollo de habilidades “blandas”, tales como inteligencia emocional, trabajo en equipo, capacidad de negociación, resolución de conflictos, entre otros atributos que complementan la formación académica y profesional con condiciones de interrelación social y liderazgo.

Existe un “desenganche” notorio entre lo que los empleadores buscan para cubrir sus requerimientos y aquello que encuentran en el mercado. La mayoría de jóvenes que deciden prepararse para el entorno laboral mediante una educación superior técnica o profesional, no necesariamente resuelven su problema, pues el 62 % de ellos termina laborando en alguna actividad que no guarda mayor relación con lo que estudiaron.

Esta inadecuación laboral grafica la desconexión entre lo que el mundo académico ofrece con lo que el mercado laboral requiere, frustrando en muchos casos al talento oculto de los jóvenes, donde casi un 80% culmina laborando en la informalidad, ámbito del cual, luego les es muy difícil salir.

Peor aún, el número de “Ni-Nis” (jóvenes que ni estudian ni trabajan) se ha incrementado en un 15% en el último lustro, superando el millón 700 mil casos, con las consecuencias sociales que ello acarrea. En resumen, estamos ante una crisis de empleabilidad generada por un déficit de competencias y habilidades que incide directamente en una baja productividad y competitividad de la fuerza laboral, vinculándola a bajos salarios.

Desde el Ministerio de Trabajo enfrentamos esta situación suscitando la construcción de trayectorias formativas laborales pertinentes; así como, fortaleciendo las habilidades de empleabilidad requeridas para mejorar el acople hacia el mercado de trabajo, a la vez que promovemos el aprendizaje continuo a lo largo del ciclo laboral. Iniciamos estos procesos desde adolescentes, culminando sus estudios secundarios, orientándolos en la elección de su línea de estudios superiores o de desarrollo de trabajo mediante servicios especializados de orientación vocacional.

Facilitamos también información actualizada de la efectividad laboral de distintas carreras e instituciones académicas vigentes en el mercado, apoyando a identificar los requerimientos laborales más atractivos por zonas de influencia y actividades económicas.

El aprendizaje en el trabajo es clave en esta ecuación; por ello es imprescindible fomentar programas de formación juvenil laboral, incluyendo prácticas preprofesionales, ciclos de capacitación dual en industrias, centros técnicos de certificaciones de competencias laborales, entre otros mecanismos de desarrollo, activación y aprovechamiento de las competencias y habilidades laborales en concordancia con los requerimientos del mercado.

La empleabilidad laboral nos exige un mejor entendimiento de cómo nuestros jóvenes deben prepararse para ingresar y desarrollarse en el mundo del trabajo. La fragmentación y debilidad de nuestro mercado laboral aunadas a las limitaciones de nuestro sistema educativo dificultan que el ciclo de compatibilidad y crecimiento en una línea de desarrollo competitivo sea accesible por la mayoría de los trabajadores.

Por ello, cualquier propuesta de reforma laboral enfocada desde la revisión de la legislación laboral, las condiciones de trabajo y el ciclo laboral, debe complementarse con la visión de un sostenido apoyo a generar condiciones de empleabilidad que permitan relevar el talento aún mayoritariamente oculto del trabajador peruano.

Fecha: 02 marzo 2017 | Fuente: Gestión

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